Chitan nació en un pintoresco pueblo costero de Japón, donde las nutrias vivían armoniosamente a lo largo de las serenas costas. Desde joven, Chitan se destacó por sus travesuras juguetonas y sus expresivas características. Sus cuidadores humanos en el santuario marino local notaron rápidamente su habilidad para meterse en situaciones divertidas. Ya sea intentando equilibrar una piedra en su cabeza o zambulléndose con entusiasmo en el agua, el encanto de Chitan era innegable.