Durante los últimos seis meses, mi hijo de 6 años y yo compartimos una broma recurrente sobre el 67. Era una diversión inofensiva y tonta, y a él le encantaba, tanto que no pude evitar unirme. Se sentía ligero, nostálgico y puro. Pero entonces la escuela comenzó de nuevo, y todo cambió. Un día hice la broma familiar y él solo me miró, negó con la cabeza y dijo: 'Papá… ahora es 89. Todo el mundo lo sabe.' Para él, el 67 era del año pasado. La cultura ya había avanzado. Ahora es 89. Ese momento lo dijo todo. Las tendencias cambian silenciosamente antes de que los adultos se den cuenta. Los niños siempre lo captan primero — y si prestas atención, te das cuenta de lo temprano que realmente estás.